Mª Remedios Ruiz Ortega, Rafael Gónzález Torres, Manuel Medrano Marqués

Introducción

Al estudio de la numismática imperial romana en Andalucía sólo se le ha prestado atención en épocas muy recientes. No ha sucedido lo mismo con los estudios sobre la moneda ibérica o hispanorromana, cuyas emisiones por las distintas ciudades béticas han interesado a diversos investigadores en todo momento por su aspecto local y por su mayor antigüedad. En general, la investigación sobre la numismática romana imperial en Andalucía se está haciendo en función de las vocaciones que van surgiendo y que están dando respuesta a las numerosas cuestiones planteadas, mediante un trabajo muy sistemático que comprende tres fases: a) Localización de fondos numismáticos; b)Descripción de dichos fondos y c) Análisis de la cir-
culación monetaria.

Los fondos numismáticos son muy abundantes y se encuentran en la bibliografía, en los museos y en colecciones particulares. Los materiales de la bibliografía, que son los que están ya catalogados y descritos, suelen presentar problemas debido a la inseguridad que supone el hecho de que, con mucha frecuencia, no han sido objeto de una nueva observación directa por parte del investigador que consulta la publicación.

Los fondos de los museos se encuentran, en su mayor parte, sin describir ni publicar. Suelen consistir, salvo honrosas excepciones, en una colección de monedas guardadas sin seguir unas pautas mínimas de clasificación. La mayor parte de los materiales suele ser de procedencia conocida, aunque dicha procedencia, a veces, se pierde con el transcurso del tiempo.

Los fondos de colecciones particulares normalmente están formados por piezas de procedencia desconocida que no dejan de tener interés en estudios de metrología, tipos, marcas, etc., sobre todo cuando dichos fondos disponen de un gran número de monedas

También existen colecciones particulares formadas por monedas de procedencia conocida a nivel local, comarcal y/o regional, de gran interés para los estudios numismáticos de las zonas donde circuló dicho material hasta su pérdida.

En este trabajo se analiza la problemática de la circulación monetaria en la campiña del Guadalquivir, centrada en diez fases monetarias: 1) La primera, dentro de la llamada Anarquía Militar del siglo III d.C., comienza con el gobierno en solitario de Galieno y llega hasta la muerte de Aureliano (260 – 275 d.C.); 2) La segunda etapa alcanza hasta el 294 d.C., momento pleno de la llamada crisis del siglo III d.C. (invasiones, inflaciones, depreciación de la moneda, innovaciones monetarias…); 3) El tercer momento llega hasta el 306 d.C., en un intento de reacción para salir de la crisis por medio de la reforma de Diocleciano; 4) La cuarta etapa, ya en el siglo IV d.C., comprende desde el 306 d.C. al 324 d.C., tras la eliminación de Licinio por Constantino I. Los problemas que plantea el siglo IV d.C. son diferentes a los del siglo III d.C., debido a que la estructura monetaria cambia. Se multiplican las cecas y se reparten por todo el Imperio (no en Hispania), generalizándose la moneda de vellón y uniformándose los tipos; 5) La quinta fase va desde el 324 d.C. hasta la reforma monetaria del 330 d.C.; 6) El sexto periodo se inicia con la
reforma del 330 d.C. y llega hasta el 341 d.C.; 7) La séptima etapa va desde el 341 d.C. hasta la muerte de Constancio II (361 d.C.); 8) La octava fase cubre el período 361 – 364 d.C., tras la muerte de Juliano el apóstata; 9) La novena etapa va desde el 364 d.C. hasta el 378 d.C., comprendiendo la política de Valentiniano I; 10) El décimo periodo (378 – 408 d.C.) comprende la política de Teodosio.

1. I.E.S. “Mario López” de Bujalance (Córdoba, España).
2. Dpto. de Ciencia, Tecnología y Universidad (Zaragoza, España).
3. Profesor de Arqueología, Dpto. de Ciencias de la Antigüedad, Universidad de Zaragoza (España).


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Material numismático y metodología

La base fundamental de este estudio la constituyó una muestra de 2.343 monedas bajoimperiales inéditas (Lámina 1), producto de hallazgos fortuitos de material disperso, al realizarse las labores agrícolas en el ager de la campiña del Guadalquivir, coincidiendo con zonas rurales en las que existen centenares de restos de villae sin elementos arquitectónicos visibles, pero con abundantes testigos de su presencia (cerámicas, tegulae, ladrillos…).

Para la ordenación sistemática de las monedas se efectuó, en primer lugar, una limpieza parcial de las de interpretación menos clara, con el fin de garantizar la lectura correcta de las leyendas, marcas de ceca y de officinae. Esta limpieza se llevó a cabo con métodos exclusivamente mecánicos y de forma manual. Posteriormente, la organización del catálogo y su análisis se realizó, primeramente, en función de los períodos o intervalos cronológicos de emisión adoptados en la actualidad por la mayoría de los investigadores; a continuación, las cecas, desde las más occidentales a las más orientales; dentro de cada ceca, las officinae y dentro de éstas últimas, los distintos valores, de mayor a menor, atribuidos a los diferentes emperadores; éstos se ordenaron siguiendo criterios cronológicos o de importancia. La identificación de los ejemplares se realizó atendiendo a los distintos volúmenes de la obra The Roman Imperial Coinage, con apoyo de otros trabajos publicados (Bastien, 1964; 1972; 1981; Callú, 1981; Pflaun y Bastien, 1969).

Resultados y discusión

De la Figura 1 y del Cuadro 2 se deducen tres momentos álgidos en el aprovisionamiento monetario de la campiña del Guadalquivir. El mayor volumen de monedas corresponde, a primera vista: a) a las emisiones de los emperadores del período 260 – 275 d.C., que proporcionan un 24,93% del volumen total de la muestra; b) a las acuñaciones de la época constantiniana que, sumando a todos sus representantes, proporcionan un 48,91% del total; y c) a las acuñaciones de la dinastía teodosiana que representan el 17,93% del total. Estos resultados no difieren de los observados por otros autores en otras zonas de Andalucía: Gil Fernández, 2001;Bost et alii., 1987; Chaves Tristán, 1979 y 1982; Mora Serrano y Beltrán Forte, 1983; Andérica Frías, 1983; Rodríguez Oliva, 1981; Blanco Gallardo, 1983 – 84;

Posac Mon y Rodríguez Oliva, 1979; Arroyo Ilera, 1982; Vidal Bardán, 1984; Bernier Luque et alii, 1981; Blázquez y Arce, 1978; Campos Carrasco, 1986. Tampoco difieren de los observados por otros autores en diversos puntos de España: Mañanes, 1982; Mateu y Llopis, 1971; Delibes de Castro, 1975; Fernández Aller, 1978; Martín Bueno y Redondo Veintemillas, 1979; Domínguez y Galindo, 1984; Campo y Granados, 1978; Avellá Delgado, 1979.

Al igual que ocurre en otras zonas de Hispania, se considera como normal que la campiña del Guadalquivir se aprovisionase más de aquéllas cecas con abundante acuñación y proximidad geográfica. En todos los períodos se pone de manifiesto la preponderancia de las cecas occidentales sobre las orientales, salvo en el período 378-408 d.C., en que la relación se invierte (Figura 2). De las cecas occidentales, destaca el papel preponderante de Roma, en cuanto a la cantidad de emisiones y distribución de las mismas a lo largo de casi todos los períodos (Cuadro 2). Le siguen Arelate, Lugdunum y Treveris, por este orden. De las cecas orientales, el predominio lo tiene Constantinopolis desde su fundación, siguiéndole Nicomedia y Cyzicus. Antiochia adquiere importancia en el último período del siglo IV. Estos resultados concuerdan con los expresados
por Kent (1981, 93) para España y Portugal, obtenidos de Bost et alii (1979, 174 y ss).

A la vista de los datos reflejados en la Figura 1 y Cuadro 2 podría parecer que durante el período 260-275 d.C. circularon por el Valle del Medio y Alto Guadalquivir gran cantidad de monedas de Galieno y Claudio II, procedentes de cecas oficiales. Ésta sería la opinión generalizada de muchos investigadores que han estudiado la circulación monetaria en el Bajo Imperio y obtenido resultados similares a los aquí expuestos. Algunos autores como Blanco García (1987, 175) y Pereira et alii (1974, 242), sostienen que durante este período coexistieron en la circulación monetaria de Hispania dos flujos no excluyentes entre
sí: uno procedente de las cecas de los usurpadores galos y otro procedente de las cecas oficiales del Imperio. Para ello se basan en resultados como los que muestra el Cuadro 1, que se obtienen tomando como punto de partida de los trabajos la fecha de emisión de las piezas monetarias. Sin embargo, Gurt Esparraguera (1985, 201 y ss.) advierte sobre los errores que se pueden cometer al no tenerse en cuenta el momento real en que se incorporan las monedas a la circulación de
una zona determinada.

Porcentajes de monedas procedentes de cecsa galas y de cecas oficiales, obtenidos por diferentes autores en distintas localidades


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A este respecto, analizando los resultados del Cuadro 1, no deja de sorprender la gran escasez de monedas de los usurpadores galos, habida cuenta de que buena parte de Hispania estuvo bajo su esfera de influencia (Anderson, 1990, 99). Este hecho viene confirmado por varios documentos epigráficos y otras fuentes: a)un miliario de Póstumo (ILS, 562) encontrado en Acci y datado en el 260 o 261 d.C. (Richardson, 1998, 222); b) otro miliario de Póstumo (CIL II, 4943) hallado en el tramo Lorca-Castulo de la Via Augusta (Herradón Figueroa, 1990, 269); c) otro procedente de los confines del Valle del Alto Ebro (CIL II,
4919); d) una inscripción (CIL II, 5736 = ERAstur., 33) encontrada en una tumba de Asturias, fechada en el 267 d.C. (Richardson, 1998, 222); e) la desaparición del abastecimiento de aceite bético a Roma confirmada por la finalización de los depósitos del Monte Testaccio a partir del 260 d.C. (Blázquez, 1990, 32) y la canalización de las exportaciones béticas a las
fronteras del Rin y a otros centros receptores del Imperio Galo (Chic, 1986, 243 y ss.; Remesal, 1986, 104 y ss.; Richardson, 1998, 227).

Nosotros, a la vista de lo expuesto, discrepamos de la coexistencia temporal de dos corrientes de circulación monetaria emitidas por autoridades antagónicas durante el período 260-275 d.C., y sostenemos que las emisiones de los emperadores galos circularían durante este período por la Península Ibérica en pequeñísimas cantidades al principio, debido posiblemente a la falta de suministro provocada por las invasiones de los francos en el 260-264 d.C. (Richardson, 1998, 222), incrementándose estos suministros en época de Victorino y Tétrico y coexistiendo con numerario precedente aún en circulación, que haría innecesarios nuevos suministros (como se deduce de hallazgos similares al de 1930 de 29.850 monedas del 235 al 260 d.C. en Jimena de la Frontera, Cádiz: Gallwey, 1962, 335 y ss.; Pflaum y Bastien, 1969, 22). Nosotros también sostenemos que las emisiones de Galieno y Claudio II pudieron llegar a

Hispania tras la reunificación del Imperio por Aureliano, es decir, con posterioridad al 273-274 d.C., descartándose así la hipótesis de una fuerte inflación durante este período en Hispania.

El período 275-294 d.C., caracterizado por la reforma llevada a cabo por Aureliano en el 274 d.C. (Bastien, 1972, 77; Blanco García, 1986, 30), se inicia con las monedas radiadas llamadas por Callú (1969, 324) aurelianos y que, con respecto a la libra de Naville de 322,56 gr. (Abascal, 1989, 60; Bastien
y Cothenet, 1974, 52) son de talla 1/78 y tienen un contenido mayor en plata indicado en las marcas XI o XXI, es decir, diez partes de bronce y una de plata o 20 partes de bronce y una de plata (Depeyrot, 1996, 207). También tienen un módulo y peso mayor que las de Galieno y Claudio II. Esta fase se caracteriza en el Valle del Medio y Alto Guadalquivir por la extremada escasez de monedas detectadas. Tan sólo el 0,98% del total de la muestra (Figura 1, Cuadro 2). Ello parece deberse a la abundancia de piezas de Galieno, Claudio II y DIVO CLAVDIO emitidas en el período anterior y aún en circulación (Chaves Tristán,1979, 79; Blanco García, 1986, 31).

La procedencia de las monedas se circunscribe, fundamentalmente, a las cecas de Roma y Ticinum, siendo la principal emisora en ambas cecas la officina 3ª. Casi el 40% de las emisiones son de Probo.

El período 294-306 se inicia con la creación, en el marco de la reforma monetaria de Diocleciano del 294 d.C., de unas piezas de bronce plateado, de gran módulo y de unos 10 gr. de peso, que sólo tienen indicaciones metrológicas (XXI, 20 partes de bronce y una de plata) en Siscia y en Alexandria a partir del 300 d.C. Estas piezas se denominan nummus (Depeyrot, 1996, 207) o, más corrientemente follis (Blanco García, 1986, 30; Domínguez Arranz et alii, 1996, 53). El abastecimiento monetario de la campiña del Guadalquivir en este período



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es ligeramente superior al del período anterior (Figura1, Cuadro 2). Los valores presentes en la muestra son nummi, fracciones de nummi y neo-antoninianos, similares a los aurelianos por la leyenda del reverso CONCORDIA MILITVM (Blanco García, 1986, 30).

El período 306-324 da comienzo con la muerte deConstancio Cloro en York (Britannia). Se caracterizaen la campiña del Guadalquivir por el incremento desde el 3% del período anterior, hasta casi el 9% del circulante total de la muestra (Figura 1 y Cuadro 2). Los valores presentes en la muestra son nummi de módulo grande, de talla 1/48 en libra y nummi reducidos de talla 1/72 y 1/96 en libra.

Durante la etapa 324-330 d.C. disminuye a la mitad el número de monedas/año provenientes de las cecas occidentales de Roma, Treveris y Arelatey aumenta ligeramente el de las cecas orientales, en especial de Nicomedia. Esta disminución, debida probablemente a la saturación del período anterior, está contrastada por otros autores en otras provincias hispanas (Abascal, 1989, 57, 62;Medrano Marqués, 1990, 105-107).

El período 330-341 d.C. comienza con una reducción ponderal de las emisiones de nummi, que según Bastieny Huvelin (1969, 17 y ss.) pasan a ser de talla 1/132 en libra de Naville, con un peso teórico de 2,44gr. y según Kent (R.I.C. VIII, 60) pasan a ser de talla 1/115, con un peso teórico de 2,77gr. A partir del 335 d.C. sufren una nueva reducción hasta alcanzar la talla 1/216 en libra, con un peso teórico de 1,49 gr. según Bastien y Huvelin (1969, 17 y ss.) y de 1/173 en libra según Kent (R.I.C. VIII, 60).

El máximo porcentaje de monedas (23,64%) del siglo IV se concentra en la campiña del Guadalquivir durante el período 341-361 d.C. No así el número de monedas/año, que es ligeramente inferior (26,38) al del período anterior (Cuadro 2 y Figura 1). El aporte monetario que se recibe de las cecas occidentales se aproxima al doble del que se recibe de las cecas orientales. Más de la mitad procede, al 50%, de las cecas de Arelate y Roma. De las cecas orientales destacan Cyzicus y Constantinopolis, que aportan entre ambas casi la quinta parte de las emisiones. Tras la muerte de Constantino II, no se detectan emisiones occidentales u orientales de los 6-8 primeros años de este período, lo que se traduce en una disminución del abastecimiento de emisiones en la década 340-349 d.C. Este hecho parece responder al estancamiento en la producción de bronce entre el

341-346/48 d.C. (Abascal, 1989, 71). Al igual queocurría con los usurpadores galos en el período 260-275 d.C., se observa una gran escasez de numerario de los usurpadores Magnencio y Decencio y una gran abundancia de numerario de Constancio II emitido con posterioridad al 351 d.C. A la vista de resultados similares (Blanco García, 1987, 89; Pereira et alii, 1974,322; Rodríguez Martínez, 1992, 76), existen autores que ven en este hecho una razón para pensar en la fidelidad de Hispania Constancio II (Arce, 1986, 25-26).Nosotros sostenemos que, aunque las fuentes literarias no mencionan a Hispania como territorio a favor de Magnencio, ésta debió de estar bajo el mando de Magnencio desde enero del 350 d.C. hasta septiembre
del 352 d.C., fecha del desembarco de tropas de Constancio II para bloquear los pasos de los Pirineos (Arce, 1986, 26; Bastien, 1964, 27). Para ello nos basamos en las 18 evidencias epigráficas encontradas en las provincias Baetica, Gallaecia
y Tarraconensis (Arce, 1986, 26; Solana Sáinz y Sagredo San Eustaquio, 1998, 43 y ss.; 139 y ss.), en nuestras propias informaciones numismáticas y las de otros autores (Bastien, 1964, 148 y ss.) y en la evidencia de que siendo Fabius Titianus
(enemigo de Constancio II) el praefectus praetorio Galliarum en enero del 350 d.C., toda la Prefectura de la Galia (incluida Hispania) se uniría a Magnencio (Arce, 1986, 25; Bastien, 1964, 11). Buena parte de las monedas de Constancio II debieron de llegar a Hispania con los contingentes militares a partir del 352 d.C. (Blanco García, 1987, 190).

A partir de la reforma del 346-348 d.C. las monedas se clasifican, según el sistema elaborado por Pearce (1972) basado en el módulo de los ejemplares, en:AE1 (desde 25 mm. de diámetro), AE2 (desde 21 mm. de diámetro), AE3 (desde 17 mm. de diámetro) y AE4 (menos de 17 mm. de diámetro). En este sentido, la única pieza AE1 detectada en esta etapa en la campiña del Guadalquivir es una moneda de Magnencio acuñada en Lugdunum, de 25,42 mm. de módulo y de peso (7,53gr.) más ajustado al peso teórico de 8,30gr. (Bastien, 1964, 69) que al peso teórico de 8,96gr. de ley 1/36 en libra (R.I.C. VIII, 63).

El período 361-364 d.C. está representado en la campiña del Guadalquivir por sólo tres piezas de Juliano el apóstata. Un AE1 de la ceca de Arelate, de 26,78 mm. de módulo y 7,94gr. de peso (Lámina 1), del tipo del toro con dos estrellas y aguila delante, similar al
encontrado en el yacimiento de La Herradora, cerca de Monturque (Gil Fernández, 2001, 75-76; 160) y dos



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AE2 procedentes, uno de Arelate y otro de Roma. Esta disminución, debida probablemente a la saturación delperíodo anterior, está contrastada por otros autores enotras zonas de Hispania(Blanco García, 1987, 193; Domínguez Arranz et alii, 1996, 56, Cuadro; Rodríguez Martínez, 1992, 76; Medrano Marqués, 1990, 105-107).

Durante la etapa 364-378 d.C. el abastecimiento aumenta a 6,47 monedas/año (Figura 1), de las cuales, el 64% son emisiones de Valente y más del 78% proceden de Roma (Cuadro 2). Este abastecimiento es algo menor de la mitad del abastecimiento de Conimbriga (Pereira et alii, 1974, 284), pero es más de tres veces superior al de Italica (Chaves Tristán, 1979, 85), casi seis veces superior al de La Olmeda (Campo, 1979, 135) y nueve veces superior al de Cauca (Blanco García, 1986, 194). Tan sólo una de cada nueve monedas procede de cecas orientales. Al igual que ocurre en otras zonas de Hispania, las monedas que llegan en esta fase a la campiña del Guadalquivir son todas AE3.

Durante el período 378-408 d.C. se produce el Valle del Medio y Alto Guadalquivir el segundo mayor abastecimiento monetario del siglo IV (Figura 1). Dicho abastecimiento procede de la zona oriental del Imperio (60%) siendo, en su mayor parte, de las cecas de Antiochia, Nicomedia y Constantinopolis. El 40% restante procede de las cecas occidentales, siendo Arelate, Roma y Lugdunum los principales centros emisores (Cuadro 2). Los valores predominantes son AE2 (95,95%), AE4 (2,62%) y AE3 (1,43%).

También dentro de este período se observa en la campiña del Guadalquivir un hecho de gran importancia: el cese generalizado del abastecimiento de numerario romano, constatado por la ausencia en la muestra de emisiones posteriores al 395 d.C. Esta circunstancia, que se observa, en mayor o menor grado, en todos los trabajos que estudian la circulación monetaria de este período en la Península Ibérica, no implica el cese brusco de dicha circulación, como lo demuestra el desgaste de muchas piezas producido, seguramente, por su utilización durante los siglos V, VI y VII. Lo que sí implica es una ruptura traumática con los centros emisores occidentales y orientales, iniciada, probablemente, por los conflictos civiles en Hispania entre los partidarios del emperador legítimo Honorio y los

del usurpador Constantino III y la posterior irrupción de suevos, vándalos y alanos (Arce, 1986, 151 y ss.). La gran cantidad de monedas romanas de bronce de los siglos III y IV, aún en circulación en la época hispanovisigoda, hizo innecesarias nuevas emisiones de numerario de bronce en esta época, acuñándose solamente monedas de oro (tremissis).

Conclusiones

Considerando todo lo anterior, es posible concluir lo siguiente:

Primero

El abastecimiento de numerario del Valle del Medio y Alto Guadalquivir durante el Bajo Imperio procede, fundamentalmente, de Roma y de las cecas de la Galia (Arelate, Lugdunum y Treveris).

Segundo

Los momentos de mayor aprovisionamiento monetario del Valle del Medio y Alto Guadalquivir coinciden con grandes movimiento de tropas relacionados con el control, por parte del gobierno legítimo de Roma, de usurpaciones y rebeliones (usurpadores galos, Constantino I, Magnencio y Constantino III) en los territorios de la Prefectura de la Galia, de la que Hispania formaba parte.

Tercero

Las emisiones de Galieno y Claudio II debieron de circular por el Valle del Medio y Alto Guadalquivir y por el resto de Hispania con posterioridad al 273-274 d.C., tras la caída del Imperio Galo; descartándose así la hipótesis de la coexistencia temporal de dos corrientes de circulación monetaria emitidas por autoridades antagónicas y de la fuerte inflación durante el período 260-275 d.C.

Cuarto

La continuidad en el suministro de numerario desde mediados del siglo III hasta finales del siglo IV indica que la campiña del Guadalquivir no debió de sufrir grandes sobresaltos hasta principios del siglo V d.C.

Quinto

No se detecta numerario romano emitido con posterioridad al siglo IV d.C. en el Valle del Medio y Alto Guadalquivir, aunque los bronces romanos de los siglos III y IV d.C. continuaron circulando durante la época visigoda.


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Claudio II


Tácito


Diocleciano


Constantino I
Constantino I


Fausta
Fausta


Dalmacio César
Dalmacio César


Magnencio
Magnencio


Valente
Valente


Valentiniano II
Valentiniano II


Arcadio
Arcadio

Tétrico


Numeriano


Maximino II Daza


Crispo
Crispo


Constantino II
Constantino II


Constancio II
Constancio II


Juliano el apóstata
Juliano el apóstata


Graciano
Graciano


Teodosio
Teodosio


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